Maia: un mundo por descubrir











{Agosto 30, 2008}   Introdución al mundo maya

Poco a poco, machetazo tras machetazo trazamos un pequeño camino. Nos adentramos en un mundo rodeado de misterio donde nada es lo que parece, es un mundo sagrado.

Hacemos una regresión al pasado, intentamos comprender los secretos que tan celosamente  la selva ha guardado, donde tiempo atrás albergó a una de las mayores civilizaciones jamás conocidas.

Retrocedemos hasta el año 900 de nuestra era. Nos encontramos en las gradas de un gran estadio viendo a unos mayas jugar a la pelota. No conocemos las reglas, ni cuantos jugadores participan pero no cabe duda de que no se trata de un simple pasatiempo. Sus vidas están en juego.

De repente todo se esfuma. La pelota con los jugadores, el griterío con el público… dejando el estadio y la ciudad completamente abandonada. Más de mil años a merced del tiempo. Hoy sólo es un recuerdo, hoy sólo perdura el misterio…

Descubrimiento tras descubrimiento vamos desvelando los enigmas presentes en la cultura maya.

Los mayas nos dejaron un legado de pistas o estelas cripticas, en algunos casos indescifrables. Interpretándolos podremos conocer el significado de su cultura, la personalidad de los hombres y mujeres que poblaron sus ciudades y las razones por las que les llevaron a abandonar, sin motivo aparente.

Mientras Europa empezaba la alta edad media, un periodo de oscuridad, América brillaba por el esplendor de la cultura maya, conocido como Maya Clásico (250-900 de nuestra era). Finalizado este periodo los mayas abandonaron las ciudades para adentrase en las profundas selvas de Méjico, Belice, Guatemala y Honduras, tras seis siglos de existencia.

En este periodo se aseguraron de que su legado perdurase en el tiempo esculpiéndolo sobre estelas de piedra destinadas a los diferentes templos y palacios. Codificaron toda su escritura a través de números y sellos para que futuras generaciones pudieran valerse de sus conocimientos. Querían dejar constancia de fechas, datos, saberes… que no debían ser olvidados tras su desaparición.

A pesar de los intentos por erradicar la cultura maya por parte de los misioneros españoles, obligando a los descendientes de los mayas la conversión católica eliminado cualquier vestigio de sus antiguas creencia, se consiguieron salvar tres códices de las voraces llamas del fuego. Gracias a ellos se ha podido descifrar el significado de la gran mayoría de sus escritos.

Antiguos exploradores del siglo XIX y modernos exploradores del siglo XX, sostienen que los mayas poden ser descendientes de los griegos, de una tribu perdida de Egipto, supervivientes de la mítica Atlántida o del continente perdido de Mu. Ya que poseían amplios y precisos conocimientos científicos.

Destacaron en los campos de las matemáticas y la astronomía. Hoy en día nos sorprende el rigor de sus mediciones. Trazaron movimientos de astros de hace 500 millones de años antes de que existiéramos y sin la ayuda de los programas informáticos actuales.

 Poseían un amplio conocimiento del tiempo expresado a través de un complejo calendario. Una máquina del tiempo la cuál revela la importancia astronómica de cada día del año. Podían predecir la hora y el día en que se produciría un eclipse (en más de mil quinientos años sólo tiene un error de 33 segundos). También reflejaron diferentes ciclos terrestres indicando el principio y el final del mundo. El ciclo que estamos viviendo tiene gran relevancia para ellos, empezó hace cinco mil años (principio de la civilización maya) y finalizará el domingo 23 de Diciembre de 2012.

Piedra a piedra los mayas fueron creciendo en lo más profundo de la selva, creando un mundo propio, una cultura única.

Grandes dinastías, hazañas, proezas protagonizaron los reyes y reinas mayas. Eran Dioses vivientes en la Tierra cuyo poder residía exclusivamente en la fe del pueblo.

Cuando las cosechas empezaron a ser malas y las continuas derrotas ante el enemigo, el pueblo dejó de creer, cuando la gente perdió la fe los reyes perdieron su poder. Cuando este poder desapareció los mayas abandonaron sus ciudades y la selva se adueñó de su antiguo reino.



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